
Ni siquiera en una mañana gélida como la de ayer era normal que hiciera tanto frío dentro del Grand Palais. El público miraba la gigantesca caja blanca que cubría el escenario y se frotaba las manos con curiosidad. Cuando el cubo se levantó y descubrió un iceberg de 240 toneladas hubo sonrisas. Se trataba de una caja hermética de 5.300 metros cúbicos que mantenía la temperatura a 4 grados bajo cero y que escondía una escultura de hielo tan alta como un edificio de tres plantas. Chapoteando sobre un dedo de agua, chicos y chicas con trajes completamente peludos. Mitad yetis y mitad cavernícolas. Y, sí, semejante locura era el arranque de un desfile de Chanel.
“Se habla tanto del cambio climático y de los polos deshaciéndose que me pareció un tema sobre el que reflexionar”, explicaba después Karl Lagerfeld. “Pero hasta los problemas más graves admiten el humor”.
Fuente: Elpais.com









